Comiendo plástico

«Toca exigir entre todas y todos un cambio de sistema. Un cambio legal profundo que nos acerque un poco más a modelos sostenibles»

per Andrés Medrano, 3 de juny de 2021 a les 15:00 |
Aquesta informació es va publicar originalment el 3 de juny de 2021 i, per tant, la informació que hi apareix fa referència a la data especificada.
El modelo de consumo basado en el usar y tirar tiene un precio, mejor dicho, muchos precios. Éstos son de tres tipos, económicos, ambientales y de salud. Los tres hacen necesario un cambio de modelo de producción y consumo. Es absurdo volver de hacer la compra y ver que buena parte del lo que te has traído son plásticos, envases y envoltorios diversos ¿Donde va a parar todo esto? ¿Qué consecuencias tiene? ¿Cómo se asumen los costes?

Los productores y distribuidores generan grandes cantidades de residuos pero no asumen los costes de manera real, decir aquí que el sistema de Ecoembes cubre sólo una parte del problema que genera el plástico y los envases. Por ejemplo, todo el mundo ha de tener claro que la inmensa mayoría de los bricks no se reciclan, incluso si sólo nos referimos a los bricks que van correctamente al contendor amarillo. Este envase infame que combina diferentes materiales sólo es bueno por facilitar apilado para transporte y venta. Hasta que los productores, distribuidores y comercializadores no asuman el coste real de lo que generan no tendremos solución para el problema. La nueva Ley de Residuos que está en trámite resolverá sólo en parte este problema.


Al no pagarse el coste en el proceso de compra/venta de los productos éste lo acaba asumiendo el dinero público a través de los sistemas de recogida y gestión de residuos municipales. Si tomamos como ejemplo la ciudad de Rubí, en 2020 generamos casi 35.000 toneladas de residuos domésticos con un coste de casi 7 millones de € en recogida y gestión. Además, de éstas unas 13.500 fueron a parar de manera errónea al contenedor gris cuando realmente deberían haber ido a parar a los contenedores de reciclaje correspondientes. Esto, daño ambiental aparte, generó un sobrecoste que pagamos entre todas y todos de más de 700.000 €, el precio de la irresponsabilidad ciudadana en este caso.

Hemos hablado hasta aquí de los residuos que entran al sistema de recogida y gestión pero hay muchos que llegan al medio ambiente de manera directa y de ahí a los seres vivos, nosotros incluidos por supuesto. Podemos distinguir dos tipos de residuo: los visibles y los invisibles. Los primeros son evidentes, poco que añadir sobre sus consecuencias y sobre las décadas o siglos que pueden permanecer en el medio. Son los invisibles los que deben hacernos despertar y entender que seguir con el modelo actual es suicida.


Cada año ingerimos decenas de miles de microplásticos, éstos han entrado en la cadena alimentaria a través de la degradación de residuos plásticos o incluso se generan en los lavados de prendas de tejidos sintéticos. No se ven pero están ahí, no se ven per nos los estamos comiendo. Pensemos que sólo se ha reciclado el 9% del plástico generado en el mundo, otro 12% se ha incinerado y el 79% lo teneos en vertederos o en el medio ambiente. Los diferentes plásticos se degradan a velocidades diversas, por transformaciones físicas y químicas hasta desaparecer...de la vista, pero siguen ahí, llegando a las aguas de ríos y mares, volviendo a nuestras casas dentro de alimentos diversos e incluso siendo respirados.

Se ha demostrado la presencia de estos microplásticos incorporados a los tejidos de la población general, incluso en la placenta y los fetos humanos. Estas sustancias pueden provocar alteraciones: reacciones alérgicas, inflamaciones, trastornos del desarrollo...

Aunque solo fuese por el problema de salud asociado, toca exigir entre todas y todos un cambio de sistema. Un cambio legal profundo que nos acerque un poco más a modelos sostenibles haciendo que pague quien genera el problema y no asumamos entre toda la ciudadanía un sistema imposible y tóxico. Mientras esto vaya llegando, aprendamos de los sabios, nuestros mayores: optando por envases retornables preferentemente de vidrio, formatos grandes, compra a granel, compra de proximidad, ropa sin tejidos sintéticos... Cuando no sea posible reducir o reutilizar, acudamos a la otra R, reciclar, separando bien los residuos, es sencillo y necesario.

Un dato final, la presencia de microplásticos es muy superior en el agua embotellada que en el agua del grifo, y esta segunda no necesita camiones de distribución, ni producir garrafas de plástico ni alterar los entornos en donde se produce, un buen motivo para cambiar de hábitos.

 

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